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Entrevista:

Revista Suyai TV

Una conversación con un artista o figura cultural donde buscamos profundizar en aspectos de su obra, vida y/o proceso creativo.

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Una conversación con un artista o figura cultural donde buscamos profundizar en aspectos de su obra, vida y/o proceso creativo.

Rodrigo Cociña: cuando las hojas aprendieron a mirarse, un mural para encontrarnos en la ciudad

Una entrevista de: Suyai TV. 01/10/2026

Entrevista a Rodrigo Gonzalo Cociña Gallardo

Hay obras que nacen para ser contempladas y otras que encuentran su sentido en el momento en que comienzan a formar parte de la vida cotidiana. La propuesta de Rodrigo Cociña para la nueva Línea 7 del Metro de Santiago pertenece a esta segunda dimensión.

Cuando las hojas aprendieron a mirarse es el título de una obra que propone una reflexión sobre el encuentro, la proximidad y la posibilidad de reconocernos en los demás. A través de un lenguaje pictórico que transita entre la abstracción y la figuración, Cociña construye un paisaje de cuerpos, naturaleza y fragmentos que nos confronta con una pregunta esencial: ¿estamos realmente encontrándonos cuando compartimos un mismo espacio?

Artista multidisciplinario, pintor, escultor y gestor cultural, Rodrigo Cociña ha desarrollado una trayectoria que cruza distintos lenguajes y soportes, manteniendo una preocupación persistente por los espacios de producción, exhibición y circulación del arte. Desde su trabajo en Fundación Cultural 561 hasta sus experiencias en videoarte y poesía sonora, su práctica también se proyecta hacia la construcción de espacios colectivos.

Hoy, su propuesta busca llegar al espacio público a través de una instancia de participación ciudadana. En el marco de Ruta del Encuentro, su mural forma parte de las 21 propuestas finalistas para la nueva Línea 7 del Metro de Santiago, donde una de las siete obras ganadoras será definida mediante votación popular.

Desde Suyai TV conversamos con Rodrigo Cociña sobre esta propuesta, su trayectoria y las posibilidades del arte cuando deja de estar contenido en los espacios tradicionales de exhibición para encontrarse directamente con las personas.

Rodrigo, tu trayectoria artística comienza hace varias décadas y se ha desarrollado a través de distintos lenguajes. Desde la pintura y la escultura hasta la instalación, la fotografía, el video y la poesía sonora. ¿Cómo describirías hoy el recorrido que ha construido tu práctica artística y qué elementos reconoces como permanentes en ella?

Me defino desde la inquietud y la necesidad permanente de explorar, acumular, conectar y experimentar. Esa búsqueda se transforma en materia, imagen, sonido y espacios de encuentro. Nunca me ha interesado quedarme en un lenguaje definitivo, sino mantener una práctica en constante movimiento, donde la obra no termina en el objeto artístico, sino que continúa en el hacer, en el taller y en las personas que participan de él.

Llegamos a tu propuesta para la nueva Línea 7 del Metro de Santiago: «Cuando las hojas aprendieron a mirarse». ¿De dónde nace esta obra y en qué momento aparece la necesidad de abordar el encuentro como tema central?

Mi preocupación, tanto en el arte como en la vida, son las relaciones humanas. Somos parte de un todo y no podemos entendernos de manera aislada, porque lo que ocurre a nuestro alrededor también nos afecta. Los cambios son, en gran medida, resultado de lo colectivo.

Hoy, a pesar de contar con innumerables herramientas para comunicarnos y estar conectados, vivimos en una sociedad que muchas veces no logra reconocerse ni respetar al individuo y a la naturaleza. Desde esa preocupación nace mi interés por abordar el encuentro: la necesidad de volver a mirarnos y reconocernos como parte de algo común.

En el mural aparecen dos rostros invertidos que, pese a su proximidad, no consiguen mirarse. Es una imagen sugerente y también bastante inquietante. ¿Qué representa para ti esa imposibilidad del encuentro y cómo se transforma a lo largo de la composición?

Representa esa distancia que existe entre compartir un espacio y realmente encontrarnos. La obra comienza con esa separación y avanza hacia un espacio donde aparecen múltiples cuerpos, cada uno conservando su individualidad.

Para mí, encontrarse no significa perder la identidad propia, sino reconocer la existencia del otro. Si bien los encuentros pueden ser fortuitos, también requieren una disposición, un esfuerzo y una necesidad de reconocernos como parte de una experiencia colectiva.

La propuesta está pensada para un espacio de circulación masiva, donde miles de personas transitan diariamente y probablemente no todas se detendrán a contemplar una obra. ¿Qué posibilidades encuentras en llevar tu trabajo al Metro y convertirlo en parte de la experiencia cotidiana de la ciudad?

Respuesta: Trabajé desde una concepción del mural que incorpora una narración y que permite desarrollar distintas lecturas. Más que realizar una obra que busque impactar de manera inmediata, me interesa proponer una experiencia abierta, donde cada persona pueda acercarse desde su propia sensibilidad.

El Metro es un espacio especialmente interesante porque las personas pueden encontrarse con la obra en distintos momentos de su vida cotidiana. Me gustaría que pudieran volver a mirarla y descubrir algo diferente cada vez, porque una obra también se transforma a partir de la mirada de quien la observa.

Has desarrollado experiencias de intervención mural que involucran espacios educativos y comunidades, como Patio de la Música en la Universidad de Santiago. ¿Qué diferencias y continuidades encuentras entre aquellas experiencias y esta posibilidad de intervenir un espacio público como el Metro?

Respuesta: Cada obra responde a problemáticas y contextos diferentes. En «El Patio de la Música», en la USACH, desarrollamos un trabajo colectivo con estudiantes y funcionarios. Mi participación fue acompañar y orientar el proceso a partir de las inquietudes de los estudiantes. Me sentí como si estuviera dirigiendo una orquesta, donde cada participante aportaba desde su propia sensibilidad.

En el mural para el Metro, la relación es diferente: nos encontramos ante públicos diversos que pueden vincularse con el arte sin necesidad de acudir a una galería o a un museo. Esa posibilidad de acercar el arte a la vida cotidiana me parece especialmente significativa.

También has desarrollado una importante labor como gestor cultural y actualmente estás a la cabeza de Fundación Cultural 561. ¿Qué lugar ocupa la construcción de espacios para otros artistas dentro de tu propia concepción del trabajo artístico?

Para mí, el trabajo artístico no se limita a las pinturas o esculturas. También está el taller, las exposiciones, los artistas que pasan por ahí, las conversaciones, los proyectos colectivos, los libros, los registros audiovisuales, la música y las colaboraciones.

Me interesa entender el arte como un ecosistema, donde todas estas experiencias se relacionan y se enriquecen mutuamente. No se trata solamente de producir objetos artísticos, sino de generar situaciones y espacios para que el arte suceda.

Fundación Cultural 561 nace precisamente de esa necesidad de colaboración, circulación y difusión. Me interesa contribuir a que existan espacios donde los artistas puedan encontrarse, desarrollar sus proyectos y compartir sus experiencias.

Desde una perspectiva más amplia, ¿crees que el arte puede operar como una forma de escultura social, capaz de modificar nuestras relaciones con el territorio, los espacios que habitamos y las personas con quienes convivimos?

Respuesta: Trabajo en arte porque creo que es una de las posibilidades más reales para generar otras formas de relacionarnos. El arte abre preguntas, provoca encuentros y modifica nuestra percepción de nosotros mismos y del entorno.

No creo que pueda cambiar las cosas de manera inmediata, pero sí tiene la capacidad de abrir espacios de reflexión, cuestionar aquello que damos por establecido y mantenernos atentos a la posibilidad de construir otras formas de convivencia.

En Suyai TV hemos tenido la oportunidad de exhibir parte de tu trabajo, particularmente el proyecto Protohumanos, y también acercarnos a tus exploraciones en arte sonoro y videoarte. ¿Qué posibilidades encuentras en el cruce entre imagen, sonido y materia, y cómo dialogan esas experiencias con tu trabajo pictórico?

Respuesta: Me interesa acumular materiales, lenguajes, proyectos, personas, espacios y experiencias. Esa acumulación me permite explorar las relaciones entre distintas formas de expresión y comprender cómo pueden complementarse.

Cada lenguaje tiene sus propias posibilidades, pero también puede abrir nuevas perspectivas cuando entra en diálogo con otros. No entiendo estos medios como territorios separados, sino como herramientas que amplían las posibilidades de creación y de pensamiento.

Volvamos al mural. Una de las particularidades de esta convocatoria es que la ciudadanía puede participar directamente en la elección de una de las obras ganadoras. ¿Qué significado tiene para ti que una propuesta artística pueda llegar al Metro mediante una decisión colectiva y qué te gustaría que las personas encontraran al encontrarse con tu obra?

Lo que más me interesa es que las personas hagan suyo este mural. Que puedan descubrirlo, interpretarlo y encontrar en él una forma de reconocerse en los demás.

Me parece significativo que exista una instancia de participación ciudadana en la elección de las obras, porque el espacio público también se construye a partir de las decisiones y experiencias de quienes lo habitan. Finalmente, me gustaría que este mural pudiera convertirse en parte de la vida cotidiana de las personas.

Para cerrar, Rodrigo, tu propuesta se titula «Cuando las hojas aprendieron a mirarse». Si pudieras dejar una invitación a quienes todavía no conocen el mural y a quienes tienen la posibilidad de decidir mediante su voto, ¿qué les dirías?

Los invitaría a conocer esta obra, que fue creada pensando en las personas que utilizan el Metro y que forman parte de la ciudad. Creo que necesitamos más espacios donde encontrarnos, reconocernos y sentir que somos parte de una experiencia colectiva.

Para mí, un mural es un regalo. Es una oportunidad para que el artista comparta su trabajo, pero, sobre todo, es un regalo para las personas que conviven diariamente con él. Me gustaría que quienes lo encuentren en su recorrido puedan hacerlo suyo y descubrir algo propio en esta obra.

Palabras al cierre

Hay obras que encuentran su sentido más profundo cuando dejan de pertenecer exclusivamente a quien las crea y comienzan a formar parte de la experiencia de otros.

«Cuando las hojas aprendieron a mirarse» propone una reflexión sobre nuestra manera de relacionarnos, sobre la distancia que puede existir entre compartir un mismo espacio y reconocernos verdaderamente en los demás. En ese sentido, el mural de Rodrigo Cociña no solo busca integrarse al paisaje cotidiano del Metro de Santiago, sino también abrir una posibilidad de encuentro en medio del movimiento de la ciudad.

Desde Suyai TV invitamos a conocer su propuesta y a participar en la votación popular de Ruta del Encuentro. Porque también podemos ser parte de las decisiones que determinan cómo queremos habitar y representar nuestros espacios comunes.

Este reportaje se publica como un aporte al debate y el intercambio democratico de ideas.
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